viernes, 18 de marzo de 2011

Colonia japonesa en San Antonio se une al clamor mundial

Las redes sociales están llamando a hacer 1.000 grullas en papel, símbolo de esperanza en Japón, para que termine la amenaza nuclear en la nación asiática.

Hoy como representante de las nuevas generaciones, que nacieron, crecieron y se educaron en un país diferente, siente profundo dolor por la tragedia que vive el pueblo japonés, golpeado por un terrible terremoto, el tsunami de connotaciones apocalípticas y bajo la amenaza de una lluvia radiactiva que podría emanar de la planta nuclear que se deterioró por la fuerza incontenible de la naturaleza.

Al frente de un negocio de calzado en San Antonio del Táchira, explicó hacen oración junto a los familiares y amigos que conforman la colonia japonesa en esta localidad tachirense, clamando por el bienestar de los compatriotas que hoy están en desgracia.

Mary dijo que se están organizando para sumarse a la compaña de ayuda humanitaria que organiza la Embajada de Japón en Venezuela, como se hace en diferentes países del mundo.

Así mismo, ha recibido por  Facebook la convocatoria de hacer las 1.000 grullas en papel, en hojas de origami, que es un símbolo de esperanza y paz para los japoneses.

Se unirá a esa iniciativa  para completar las 1.000 grullas de papel de las que habla la leyenda, y quien las complete recibirá un deseo, que es el que termine pronto la pesadilla del terremoto, el tsunami y el problema nuclear.

Los abuelos y padres de Mary Sakazaki llegaron al Perú producto de las olas migratorias originadas al final de la Segunda Guerra Mundial, desplazándose después a Venezuela, hace unos 80 años.

Atraídos por el buen momento económico que vivía la frontera en la década del setenta, se establecieron en San Antonio del Táchira y Ureña, donde fundaron negocios de electrodomésticos y quincalla, con los que lograron levantar la familia y procurarse algún bienestar, pensando siempre en regresar al Japón.

En la frontera crearon lazos de amistad y familiaridad con otros compatriotas que también se establecieron en el Táchira, que han perdurado con el correr de los años.

Cuando las ventas bajaron y el comercio decayó, muchos regresaron al país o se desplazaron hacia el interior de Venezuela. No más de 10 familias descendientes de japoneses quedan en estas localidades, quizá porque consiguieron parejas venezolanas y aquí echaron raíces.

Mary recuerda que tanto el abuelo como su papá eran muy herméticos y poco hablaban de lo que les tocó vivir durante la Guerra Mundial, característica que conservaron las nuevas generaciones, que prefieren seguir en el anonimato pero que están convencidos que Japón se volverá a levantar para seguir siendo una nación pujante y referente mundial de tenacidad y trabajo.

Otros comerciantes de San Antonio descendientes de japoneses, que prefirieron no dar el nombre por razones de seguridad, manifestaron que mantienen contacto telefónico con los familiares en la isla, que viven a muchos kilómetros de las zonas más golpeadas por el  tsunami.

Los familiares les han manifestado que a pesar de no haber sufrido por  el terremoto y el embate de las olas gigantes, se sienten vulnerables frente a la amenaza de radioactividad.

Conocen de personas que décadas después han nacido con deformaciones físicas, descendientes de las víctimas de los bombardeos atómicos sobre Hiroshima y Nagasaki que fueron ataques nucleares de los Estados Unidos contra el Imperio de Japón, el 6 y el 9 de agosto de 1945, que pusieron punto final a la Segunda Guerra Mundial.

Japoneses consultadas manifestaron que se mantienen atentos a todas las informaciones que llegan por los diferentes medios de comunicación, y que además sintonizan la Radio HBC Japón, para seguir de cerca lo que está pasando en la planta de Fukushima y que tiene en vilo al mundo entero.

Fuente: la opinion.com.co

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