martes, 17 de mayo de 2011

Gramalote: entre las ruinas y la incertidumbre


Cinco meses después de la tragedia que acabó con Gramalote, su población quedó reducida a 10 familias que habitan en el barrio La Lomita, quienes luchan día a día por no dejar morir el legado de los que se fueron.

El sector fue el único que la tragedia no tocó y es el contraste de lo que se observa en el resto del pueblo.

La Lomita aparece como un oasis en medio de tanta incertidumbre y desolación. Sus calles no muestran siquiera una grieta o deterioro por ni por el paso de los años ni por la arremetida la naturaleza del diciembre pasado. Y las fachadas de las casas permanecen tan sólidas como el espíritu de quienes las habitan.

Todo lo que ocurre actualmente en Gramalote gira en torno a esta zona. Cinco tiendas, dos ventas de verduras, dos carnicerías y un restaurante, se resisten a quedar en el olvido, y mantienen viva la esperanza de quienes sueñan con volver a ver nuevamente a su población edificada.

“Gramalote se perdió pero nosotros debemos echar para adelante y pensar en positivo” expresó Marcelena Sánchez, quien en diciembre salió corriendo para Cúcuta pero dos semanas después regresó.

Sánchez estuvo en los albergues del barrio la Victoria y el colegio INEM pero la falta de dinero la hizo regresar, alquilar una casa en la Lomita, y montar allí el único restaurante que alimenta a visitantes y trabajadores del sector rural.

“Vivir en albergues es muy arrecho, yo estoy acostumbrada a trabajar y no a que me den, por eso me devolví y hasta el momento no me arrepiento”, comentó Marcelena.

A dos cuadras del restaurante está ubicada la tienda de María Mendoza, al contrario de Marcelena, su propietaria no ha salido nunca de Gramalote y asegura que después de la tragedia las ventas han ido en aumento.

“Los fines de semana se ve mucha gente por acá, los que habitan en el campo vienen a comprar sus cosas y llegan directamente a estos negocios”, expresó ‘doña’ María.

Aproximadamente 700 familias permanecen en el sector rural de Gramalote y no pierden la tradición de llegar a la población el día domingo.

Pese a que la Lomita está declarada como zona de alto riesgo por las autoridades, la situación parece importarle poco o nada a sus habitantes quienes dicen que ya nada les ocurrirá

“Después de todo lo que ha pasado, nosotros aún permanecemos en pie, el barrio ha aguantado fuertes aguaceros y movimientos de tierra, y no se ha caído ni una sola casa” señala María Mendoza.

Según la alcaldesa encargada, Rosa Helena Escalante Rodríguez, la Diócesis ya compró un predio a la entrada del municipio y los primeros que irán a ocupar los albergues que se construyan allí serán los habitantes de la Lomita.

“Ya se habló con la población y manifestaron que si les damos un lugar cómodo y con las posibilidades para que sigan trabajando en sus negocios, se saldrán del barrio”, informó la burgomaestre.

Sin embargo, quienes salieron desde hace varios meses de la población son menos optimistas, pues después de cinco meses no han visto actividades ni acciones concretas que demuestren que el Municipio será reconstruido en poco tiempo.

Muchos por el contrario se han ya establecido en otras poblaciones como El Zulia, Santiago y la misma Cúcuta. Para ellos la vida tiene que seguir, así sea lejos del terruño que los vio nacer.

En agosto se conocerá el sitio Luego de muchos pronunciamientos y promesas, los gramaloteros aún no saben dónde serán reasentados.

En enero se informó que en abril se conocería el sitio, ahora la fecha se cambió y el Gobierno nacional a través de Colombia Humanitaria expresó que a principios de agosto se conocerá el lugar definitivo donde se ubicará el pueblo.

De momento la Alcaldía realiza un nuevo censo con los damnificados y a través de reuniones por barrios, los mismos habitantes son los encargados de definir quiénes residían en el pueblo al momento de la catástrofe.

“Esto lo hacemos porque hay muchas personas que se quieren pasar como damnificados y no tienen nada que ver con esta tragedia. Tenemos un mapa de todos los barrios y familia por familia se pone a consideración de los demás habitantes”, informó la alcaldesa Rosa Escalante Rodríguez.

Mientras tanto las ruinas de lo que quedó del casco urbano siguen ahí. La cúpula de la Iglesia, el deteriorado edificio de la Alcaldía y las calles agrietadas, ven crecer en cambio matas de maíz, tomate y de otras especies, que poco a poco van reemplazando el cemento y lo que hasta diciembre era una pujante población del occidente de Norte de Santander.

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