sábado, 6 de abril de 2013

Venezolanos, acorralados por la escasez y el control de cambios

La dificultad para conseguir alimentos y elementos de primera necesidad en Venezuela está alcanzando niveles preocupantes. En los primeros meses de 2013 el índice de escasez de productos –medido por el Banco Central– era del 20 por ciento.

Comprar leche o encontrar el repuesto para un automóvil se ha convertido en un dolor de cabeza para los venezolanos, sometidos desde 2003 a un férreo control de cambios que mermó la producción y generó una fuerte escasez de divisas, pese a los precios récord del petróleo.

“El control cambiario ha generado distorsiones en la economía que han hecho al país muy dependiente de las importaciones, al punto de que si hoy cayera el precio del barril de petróleo, no habría suficiente dinero para comprar en el exterior leche o harina”, asegura Roberto León, presidente de Anauco, asociación de defensa al consumidor.

Según el economista y profesor del núcleo venezolano de la Preston University, Jesús Casique, “de los 698.000 millones de dólares que han ingresado por exportaciones petroleras en los últimos 14 años, mucho ha salido para el pago de importaciones”, mayormente realizadas por el mismo gobierno.

Otra buena parte de los dólares “se queda en el exterior para pagar la creciente deuda venezolana, por lo que no llega ni a los ciudadanos ni a las empresas”, agrega el economista y ex directivo del Banco Central de Venezuela José Guerra.

En este contexto de “fuerte escasez de divisas”, estima León, los venezolanos ven su vida diaria afectada de dos formas: cuando tienen que recorrer varios establecimientos para encontrar productos importados y cuando quieren viajar al exterior y “deben acudir al Estado para recibir una cantidad limitada de dólares” a cambio de sus bolívares.

Los venezolanos tienen derecho a cambiar a la tasa oficial un máximo de 3.000 dólares al año para viajes, que sólo pueden ser consumidos en pagos con tarjetas de crédito en las fechas marcadas en el pasaje, más otros 500 dólares en efectivo.

“El petróleo no alcanza ya, el estatismo está asfixiando a la economía y lo único que Venezuela exporta es el petróleo, que debe financiarlo todo”, dice Guerra, argumentando que la escasez de divisas “se viene agudizando desde 2009, cuando se estatizaron empresas básicas que luego dejaron de producir y dar ingresos al país”.

En 2003, el fallecido presidente Hugo Chávez lanzó el control de cambio para frenar la creciente fuga de capitales deVenezuela, principal productor de crudo de Sudamérica y que desde 2011 vende su petróleo a más de 100 dólares por barril.

La estatal petrolera PDVSA, que maneja asuntos tan variados como la importación de alimentos o la construcción de viviendas, no puede responder sin embargo a la creciente demanda de dólares.

La oferta de crudo venezolano está estancada en torno a 3 millones de barriles diarios desde hace años, mientras que en 1998 era de 3,1 millones de barriles, y el desafío de la compañía es encontrar la forma de producir más.

El control de cambio ha mermado el aparato productivo y ha incrementado sin precedentes las importaciones, que en 2003 se ubicaban en menos de 15.000 millones de dólares y en 2012 cerraron en 56.000 millones de dólares, según cifras oficiales.

Debido al “tipo de cambio sobrevaluado resulta mucho más barato importar que producir”, apunta Casique. Sin embargo, el índice de escasez de productos –medido por el Banco Central– sigue creciendo y era de 20% en los primeros meses de 2013.

En un mercado de Caracas, Carmen Márquez acaba de comprar “pollo de Brasil y leche hecha en Uruguay”. Esta ama de casa celebra que en el mismo negocio encontró leche y harina, aunque no papel higiénico.

“Todos los días veo mi carro parado frente a mi casa con la parte delantera destruida porque el taller no tiene repuestos, que tardan mucho en llegar porque no entran en las importaciones prioritarias”, explica Carlos López, un ingeniero de 32 años.

En este momento, el dólar se cambia a 6,3 bolívares en el mercado oficial. Sin embargo, el Estado no consigue responder a la demanda de divisas de muchas empresas, impotentes ante los engorrosos y a menudo estériles trámites ante la Comisión oficial de Administración de Divisas (Cadivi).

“Algunas empresas acuden al mercado negro y compran dólares hasta cuatro veces por encima del precio oficial, pero ese factor incide en la inflación”, que en 2012 fue la mayor de América Latina y cerró en 20,1%, explica Casique.

El precio de la mayoría de los productos toma ya como referencia un valor del dólar muy superior al oficial, mientras otros bienes básicos -como arroz o azúcar- tiene precios bajos regulados por el estado, pero escasean.

En un intento por bajar el precio del dólar negro, cuyo valor está prohibido mencionar por ley, el gobierno lanzó en marzo el Sistema Complementario de Adjudicación de Divisas (Sicad), que mediante subastas concede dólares a los empresarios.

En su primera subasta asignó 200 millones de dólares a una tasa que los analistas calculan entre 11 y 15 bolívares por dólar. Sin embargo, Casique apunta que la oferta fue irrisoria, porque la demanda de las empresas rondaba los 700 millones de dólares.