La abogada en formación Cindy Johanna Ramírez (en el medio) atiende a Purificación Correa y a Rodrigo Valencia en el Consultorio Jurídico de la Universidad de Pamplona, servicio que prestan gratis los estudiantes. Mensualmente atienden 60 casos.
Al ser famosas sus obras sociales por cuidar niños y abuelos, el nombre de Purificación Correa en Villa del Rosario tomó vuelo.
Hoy es la niñera de una mujer de 82 años que llegó a su puerta en febrero del año pasado en manos de su hijo, Eduardo Cano González, quien argumentó no poderla cuidar porque la esposa no le daba permiso de llevarla a la casa.
Tal fue la tristeza de su respuesta que Purificación, siendo menor 2 años que la mujer que vio en su puerta, decidió aceptar, al convenir que el hijo le iba a pagar 60 mil pesos mensuales por cuidarla y colaborar con su alimentación. Pero esto se convirtió en una obra de caridad, porque Purificación asegura que no hubo ni dinero ni comida.
Así pasaron 15 meses en los que Clara Inés González, rechazada por su hijo, se convirtió en una responsabilidad para su niñera, quien la empezó a ver como una amiga ante su abandono.
Pero ‘como el bolsillo aprieta’, ella reclamaba constantemente a Eduardo que le pagara las mensualidades, pero él, contrabandista de profesión, le daba bolívares.
Aún recuerda que la cifra más alta que le dio fueron 100 bolívares, lo que no le alcanzó ni para una pastilla.
“Un día a la mamá le dio un derrame cerebral y llamé a Eduardo, le dije que la llevara al médico y me dijo que no podía, que no tenía tiempo y que no podía hacer filas. Entonces le dije que al menos me diera para los pasajes, para llevarla y me dio 6 mil pesos. Dijo que nosotras éramos desconsideradas porque él no tenía trabajo. Recuerdo que un día la gritó muy feo y le dije que si iba a hacer eso, mejor se la llevara, porque yo no soporto eso”, aseguró Purificación.
Los inconvenientes no pararon ahí. “Un día llegó a visitarme una sobrina y me contó que le había llegado una plata por una indemnización de un hijo de ella que se había accidentado. Ese día Eduardo estaba ahí y escuchó la conversación, y la convenció para que le prestara 500 mil pesos, y le puso de garantía a la mamá. Pero tampoco le pagó la plata y el problema me lo gané yo”, contó la niñera.
Otro de los inquilinos de Purificación, Rodrigo Valencia, es quien siempre la ha acompañado y sirve como testigo del abandono de Clara Inés.
Él ha sido de los que más le ha insistido a Eduardo que se haga cargo de su mamá, al punto de retenerle una moto hasta que pague las deudas.
“Tras del hecho él me pidió que convenciera a Purificación de que le sirviera de fiadora para pedirle a un prestamista 3 millones de pesos. Con varias condiciones le dijimos que sí, pero él sacó 4 millones y me dejó a mí fuera del documento legal en una notaría, porque yo le pedí ser testigo de todo”, afirmó Valencia.
Ahora el temor de ambos es perder la casa, porque según afirmaron, Eduardo Cano González no ha pagado las cuotas, lo que puede generar un proceso de hipoteca.
Tiene un grupo de abogados
Ante la falta de recursos, Purificación Correa dio a conocer el caso en el Consultorio Jurídico de la Universidad de Pamplona, donde abogados en formación de octavo semestre de Derecho la atendieron sin costo; quien lleva el caso es Cindy Johanna Ramírez Parada, quien se enfrenta a su primer reto.
“Lo que hemos hecho desde acá es instaurar una tutela después de haber agotado el procedimiento que son los derechos de petición ante la alcaldía de Villa del Rosario y ante la Comisaria de Familia. Logramos que a Clara Inés González la aceptaran desde el 5 de mayo en un hogar geriátrico sin costo, porque está muy enferma. También estamos en el seguimiento para fijar la cuota de alimentos para que el hijo le pase al hogar”.
Los otros dos retos son demostrar si hubo o no estafa y abuso de confianza por parte de Eduardo Cano González.

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